El Periódico de Morona Santiago
Macas - Morona Santiago -  Ecuador

Marco Alulema M.

Macas y la confluencia de las identidades

Escrito por Edgar Llerena
Categoría:

Por: Manuel Felipe Álvarez-Galeano

Durante mi primera visita a Macas en el Primer Encuentro Internacional de Poesía “Galo Lara”, confirmé aquella premisa que me he fijado a través de este peregrinar por Latinoamérica y que aprendí de Eduardo Galeano: encontrar el valor de las cosas simples. En esto se enfocó este encuentro que, además de que la Casa de la Cultura, los organizadores y la gente en general nos abrieron su despensa, nos dimos cuenta de la importancia de estrechar lazos por medio de la palabra. Tuve la oportunidad de abrazar con la voz, discutir, aprender y desaprender tantas cosas. El coctel fue de guayusa y discutimos, entre otros suculentos temas, sobre la identidad de esta ciudad que está divagando entre un agudo, paradigmático influjo del mestizaje y el reconocimiento de sus raíces indígenas. Se discutió el hecho de que en realidad no saben los macabeos a qué corriente identitaria vincularse, una suerte de malinchismo del Oriente ecuatoriano que es fiel testimonio de aquella fiebre del olvido en Macondo.

Macas me sabe a un pasillo que no ha dejado de escribirse. Es una ceja del verde cielo investida del clima más benevolente que he podido experimentar durante este periplo. La pregunta más significativa y que a pocos vi hacer es ¿Quiénes somos? Y es aún más difícil cuando se ha discutido el mismo gentilicio “macabeo”. Quienes nos las damos de intelectuales, podremos determinar esta palabra como referente bíblico a los siete hermanos que fueron martirizados junto a su madre o a la calidad de uva con que se hacen ciertos vinos españoles, lo que no sabemos es el trasfondo de esta discusión y que reluce ante la pregunta antes mencionada. Un acercamiento a dicha respuesta sería desde otra ¿Quiénes queremos ser? Y, lastimosamente, regresamos a la náusea americana que pretende idealizar otros modelos diferentes al propio y con el agravante de que no entendemos que es el reconocimiento de la identidad colectiva lo que nos da un sentido de pertenencia y una valoración crítica de la historia que nos han querido introducir los ganadores… Todos sabemos quiénes son, pero pocos reconocen esa cruda historia que repetimos circularmente (me perdonan el cliché).

Hablar de Macas es hablar del bronquio del mundo y amabilidad de sus gentes. Allí los niños tienen la sonrisa de aquel viento que, dichoso, nos visita. Es naufragar en el vientre de la tierra y donde el único consuelo en la despedida es saber que se regresará y donde toda visita será siempre la primera. Siempre hay algo nuevo, un retorno al origen, aunque queramos ignorar cuál es. Esa es la discusión por su identidad: reconocer la gallardía y elocuente belleza de un mestizaje que parece suspenderse en las gotas del tiempo, pero estimar, a su vez, el baluarte de los pueblos originarios que encontraron en sus costumbres la forma rebelde de repensar la historia.

Dicen que los poetas no tienen patria, ni tiempo, ni edad; pero, estoy seguro que cuando un poeta visita Macas, comprueba que, en realidad, es de donde quiere ser, cuando lo quiere ser y se despierta cada día con una edad distinta. En mi caso, si es que mereceré algún día llamarme “poeta”, podré decir que cierta vez nací en Macas, como en tantas partes donde he nacido, siendo el Peñol y Medellín los lugares primarios, allá en ese país maravilloso donde se acuna el realismo mágico. Luego de esta visita y de las muchas otras que espero tener, diré que visité un pueblo, cuya identidad no es una sola, o mejor, su identidad está plagada de otras tantas. Es pueblo mestizo, pueblo amazónico, pueblo shuar, pueblo ecuatoriano, pueblo latino y tantos otros. Pueblo de raíces infinitas, cuyos ancestros aun ofrendan sus lágrimas bravías que desembocan en el río Upano. (F)

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