El Periódico de Morona Santiago
Macas - Morona Santiago -  Ecuador

Ulbio Cárdenas S.

Nankints, otra vez la violencia institucionalizada

Escrito por Ulbio Cárdenas S.
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Por: Ulbio Cárdenas S.

La SENACOM y voceros oficiales locales llevan adelante una campaña mediática impresionante tendiente a deslegitimar las acciones de la nación Shuar en torno al conflicto de Nankints, asediada por la fuerza pública que trata de recuperar el campamento de la transnacional ECSA, cuyos trabajadores fueron desalojados por los nativos en agosto, en una alta expresión de resistencia indígena - campesina a la minería a gran escala. La tensión alrededor de Nankints ha generado escaramuzas entre las fuerzas del orden y grupos de nativos dispersos en la selva, mientras el bombardeo mediático muestra a los dirigentes indígenas como promotores de una violencia extrema, y oculta la política estatal de violación de derechos colectivos, objeto de esta nota.

Y es que aprobada la Constitución de 2008, el correísmo comenzó a violarla sistemáticamente. Los primeros contrabandos vinieron con la Ley Minera. Se ignoró la norma constitucional que ordena beneficios igualitarios del extractivismo, volviendo al sistema de regalías ínfimas para el estado. Volvieron las generosas concesiones a empresas extranjeras en páramos, humedales, nacientes de agua y bosques tropicales, reñidas con la constitución. El derecho de Consulta Previa fue burlado con “consultas” en lugares y con actores diferentes a quienes deben ser consultados. La Ley de Recursos Hídricos ratificó el servilismo al extractivismo, Esa inconstitucional legislación mostró a un régimen cuyo discurso progresista era ahogado por el autoritarismo, la manipulación comunicacional y la utilización del aparato judicial para acallar voces disidentes.

La violencia institucionalizada se puso a la orden del día, pero fue respondida con lucha social. Indígenas, maestros, estudiantes, trabajadores se expresaron con firmeza, mientras la represión mostraba niveles pocas veces vistos. Cayeron Bosco Wisum, Freddy Taish y José Tendetsa en oscuros incidentes, sin que la justicia haya resuelto esos asesinos. A estos crímenes les siguieron la destrucción de la biodiversidad, el asedio a comunidades, estafas a finqueros, desalojos, incendio de la iglesia de San Marcos… Todo a vista y paciencia de una justicia ciega y sorda ante los abusos del poder, mientras los servicios de inteligencia van tras dirigentes tachados de “peligrosos”. Son expresiones de la escalada de la violencia ligada al extractivismo.

Entonces, el conflicto de Nankints no puede ser visto fuera de ese contexto de violencia institucionalizada diseñado desde un oscuro poder que traicionó a su pueblo para entregarse a la voracidad del capital transnacional. Panorama ante el cual Nankints y todas las comunidades afectadas por el extractivismo, tendrán nuestra irrestricta solidaridad.

 

 

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